Los desastres provocados por fenómenos naturales, desde incendios forestales hasta terremotos y erupciones volcánicas, entre otros, no solo causan devasta- ciones inmediatas y pérdidas de vidas, sino que también tienen repercusiones significativas en la seguridad de las comunidades afectadas. Esta crónica explora la interrelación entre desastres naturales y sus efectos en la seguridad (Security) y la seguridad física (Safety), ofreciendo información para tomadores de decisiones políticas y profesionales en el campo de la seguridad integral. En las últimas décadas, la frecuencia y la intensidad de los desastres por fenómenos naturales han ido en aumento, exacerbados por los efectos del cambio climático y la urbanización mal planificada. Estas tragedias tienen el potencial de desesabilizar comunidades, incrementar la violencia social, y poner en peligro el bienestar de la población. Comprender estas dinámicas es crucial para formular políticas que protejan a las comunidades y mantengan la paz social.
LA SEGURIDAD VS. LA SEGURIDAD FÍSICA
Es fundamental distinguir entre seguridad (Security) y seguridad física (Safety). Mientras que la seguridad se refiere a la protección de personas y bienes frente a amenazas deliberadas, la seguridad física se concentra en prevenir daños a la vida y salud de las personas por causas accidentales, como desastres naturales.
A menudo, los desastres naturales generan un deterioro en ambos ámbitos, afectando no solo a las estructuras físicas sino también a la cohesión social y a la confianza en las instituciones.
EL IMPACTO DE LOS DESASTRES NATURALES EN LA SEGURIDAD
- La vulnerabilidad estructural y su relación con los conflictos sociales: Los eventos de los últimos años ocurridos en Chile, han demostrado que la vulnerabilidad de ciertos grupos sociales frente a desastres naturales tiende a aumentar las tensiones y conflictos. Aquellos que carecen de recursos para recuperarse adecuadamente se ven empujados a competir por ayuda y recursos, lo que puede llevar a disturbios, saqueos y violencia.
- La desigualdad social amplificada por desastres: Los desastres naturales no solo provocan pérdidas inmediatas, sino que también intensifican desigualdades preexistentes. Las comunidades marginadas, que ya enfrentan dificultades, son las más impactadas, lo que puede llevar a un aumento de la criminalidad y a una percepción de inseguridad.
- Gobernanza y Confianza Pública: Los desastres naturales son un desafío para la capacidad gubernamental. Una respuesta inadecuada puede erosionar la confianza pública en el gobierno, lo que frecuentemente resulta en disturbios y una disminución del orden social. La percepción de ineficacia en la gestión de crisis puede agravar la situación, amplificando la inseguridad.
- Interdependencia entre Seguridad Física y Comunitario: Se observa que la seguridad física y la seguridad comunitaria son interdependientes. Comunidades
que se sienten inseguras respecto a la infraestructura y los recursos tienden a experimentar un aumento en la delincuencia y conflictos, lo que agrava aún más los problemas de seguridad.
ESTRATEGIAS PARA MITIGAR IMPACTOS NEGATIVOS
Los tomadores de decisiones deben tomar en cuenta las siguientes estrategias para abordar el impacto de los desastres naturales en la seguridad:
- Planificación y Gestión de Riesgos Integrados: Desarrollar estrategias de planificación y gestión de riesgos que integren la evaluación de riesgos naturales y humanos es crucial. Esto incluye la identificación de áreas vulnerables, vectores de amenazas, análisis de probabilidades e impactos, y medidas proactivas que fortalezcan la prepa- ración comunitaria.
- Inversión en Infraestructura Crítica y Resiliente: Es fundamental priorizar la inversión en infraestructuras críticas —hospitales, sistemas de transporte, redes de telecomunicaciones y suministro de agua— que sean resilientes a desastres naturales. Proteger esto asegurará la continuidad de los servicios esenciales y minimizará el riesgo de crisis.
- Educación y Conciencia Pública sobre Riesgos:
Fomentar programas de educación y formación en las comunidades sobre los riesgos de desastres y cómo reaccionar adecuadamente es fundamental. Una población informada tiene más probabilidades de responder de manera efectiva, lo que reduce riesgos y mantiene la cohesión social. - Fortalecimiento de Instituciones de Emergencia y Seguridad: Asegurar que las instituciones encargadas de la gestión de desastres y emergencia estén equipadas y capacitadas es esencial. La confianza en la respuesta gubernamental puede prevenir disturbios y mantener el orden social durante y después de desastres.
BREVE MIRADA: HURACÁN KATRINA (2005) Y TERREMOTO 27/F (2010)
El huracán Katrina es un ejemplo emblemático de cómo un desastre natural impactó el ámbito de la seguridad. En agosto de 2005, el huracán Katrina azotó la costa de EE.UU., acercándose a Nueva Orleans como un huracán de categoría 5. A pesar de las advertencias sobre su potencial destructivo, la falta de preparación y la ineficacia en la respuesta gubernamental se tradujeron en un desastre que dejó más de 1.800 muertos y miles de heridos. Las inundaciones resultantes de la ruptura de los diques inundaron grandes áreas, provocando la evacuación de millones de personas.
Impacto en la Seguridad
El caos que siguió al huracán demostró el impacto directo de un desastre natural en la seguridad. La falta de recursos y la desorganización inicial llevaron a disturbios, saqueos y violencia en varias áreas de la ciudad. Se produjo una alarmante erosión de la confianza pública en el gobierno, y se llevaron a cabo medidas extremas, incluida la declaración de la ley marcial en Nueva Orleans, para restaurar el orden y la seguridad pública. Este caso ilustra cómo la ineficacia en la gestión de emergencias puede llevar a una crisis de seguridad que requiere acciones drásticas para controlarla.
Otro estudio de caso significativo es el terremoto de magnitud 8.8 que golpeó Chile el 27 de febrero de 2010. Este devastador sismo tuvo su epicentro cerca de la ciudad de Concepción y causó más de 500 muertes y daños extensos en infraestructura. Las consecuencias del terremoto quedaron evidenciadas no solo en términos de pérdidas materiales, sino también en el impacto sobre la seguridad de la población.
El terremoto provocó desastres materiales tan catastróficos que la capacidad de las fuerzas de policiales para mantener el orden se vio desbordada. Se reportaron actos de vandalismo y saqueo en varias áreas afectadas, lo que evidenció una ruptura del orden civil y un aumento en la inseguridad. Frente a la creciente preocupación por la seguridad pública, el gobierno de Chile declaró un estado de excepción constitucional, permitiendo la entrada del Ejército para ayudar a restaurar el orden y contribuir a las labores de rescate y recuperación.
Algunas consideraciones
El análisis de estos eventos evidencia la compleja relación entre desastres naturales y su impacto real y tangible en la seguridad. La vulnerabilidad social, la desigualdad y la mala organización comunitaria y su coordinación con los gobiernos comunales contribuyen al deterioro de la percepción ciudadana de seguridad y de la gestión de las autoridades y organismos de emergencia en situaciones de crisis. Esto pone de relieve la necesidad urgente de una gestión integrada de riesgos, inversión adecuada en infraestructura, educación comunitaria y fortalecimiento de las instituciones de emergencia, más allá de las leyes y decretos promulgados en la materia. Se requiere pasar del marco regulatorio y planificación, a la acción preventiva y a la acción en crisis.
La experiencia con el huracán Katrina y el terremoto 27/F revela que la preparación y la respuesta eficaces no solo salvan vidas en el corto plazo, sino que también preservan la seguridad y la paz social a largo plazo. En este contexto, es esencial que los tomadores de decisiones políticas trabajen en colaboración con expertos y la comunidad para establecer políticas y prácticas que fortalezcan la resiliencia ante desastres naturales, protegiendo así a las comunidades y asegurando el bienestar de todos sus habitantes.
El futuro de la seguridad comunitaria depende de nuestra capacidad para aprender y adaptarnos a los nuevos desafíos que representan los desastres causados por fenómenos naturales, asegurando que las políticas implementadas no solo respondan a los efectos inmediatos, sino también construyan un camino hacia un futuro más seguro y sostenible.
La interrelación entre desastres naturales y seguridad es compleja y multifacética. A medida que el mundo enfrenta el aumento de la frecuencia y la intensidad de estos fenómenos, es crucial que los tomadores de decisiones y las comunidades comprendan claramente las implicancias para la seguridad. Los estudios de caso, como el huracán Katrina y el 27/F, ponen de manifiesto que la preparación, la infraestructura resiliente y la confianza en las instituciones son elementos clave para mitigar los impactos adversos.
Para avanzar hacia un futuro más seguro, es imperativo que se establezcan políticas proactivas que prioricen la formación y la inversión en infraestructura, la educación de la población, y el fortalecimiento de las instituciones encargadas de la gestión de emergencias. Solo así se podrá garantizar no solo la protección de vidas y bienes, sino también la preservación de la paz social y la estabilidad comunitaria en tiempos de crisis.
El enfoque debe ser integral y adaptativo, reconociendo que cada comunidad tiene sus propias vulnerabilidades y fortalezas. Con el compromiso continuo de gobiernos, universidades, expertos y comunidades, es posible construir un futuro más resiliente frente a los desafíos que traen los desastres naturales. Carecer de atención a estas dinámicas podría aumentar las tensiones sociales y comprometer la seguridad de las generaciones venideras. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad colectiva actuar ahora para asegurarnos de que estamos preparados para enfrentar lo inevitable en el futuro.
LA RELEVANCIA DE LA CONCIENCIA COLECTIVA Y LA FORMACIÓN COMUNITARIA
La preparación ante desastres y la mitigación de sus efectos en la seguridad requieren no solo de acciones gubernamentales y académicas, sino también de una conciencia colectiva dentro de cada comunidad. Fomentar una cultura de prevención y respuesta puede ser uno de los activos más valiosos en tiempos de crisis.
- Fomentar la Participación Ciudadana: Involucrar a los ciudadanos en la planificación y ejecución de estrategias de preparación puede resultar en una mayor efectividad durante las emergencias. Las comunidades que participan activamente en programas de preparación son más propensas a entender los riesgos, conocer los re- cursos disponibles y responder efectivamente ante situaciones de desastre.
- Programas de Capacitación y Simulacros: Implementar programas de capacitación regular puede hacer una diferencia significativa. La realización de simulacros de evacuación y de respuesta a emergencias no solo fortalece la preparación individual, sino que también mejora la coordinación entre las instituciones de seguridad y emergencias. Estos ejercicios pueden identificar brechas en respuesta y mejorar los tiempos de reacción durante un evento real.
- Educación Continua sobre Riesgos y Prevención: La educación sobre los riesgos asociados a desastres naturales debe ser un esfuerzo continuo en las escuelas y comunidades. Esto puede incluir contenidos en los planes de estudio que aborden el cambio climático, la geografía de los desastres y cómo actuar en caso de una emergencia. Iniciativas comunitarias que organicen charlas y talleres contribuyen a crear un entorno de aprendizaje constante.
LOS DESAFÍOS
La seguridad de las comunidades ante desastres por fenómenos naturales es un desafío en constante evolución, que demanda una colaboración efectiva entre gobiernos, instituciones académicas y ciudadanos. Los desastres no solo deben ser considerados como eventos aislados, sino como elementos interrelacionados en un sistema complejo que involucra a las personas, su entorno y las estructuras sociales.
La historia nos ha mostrado que, cuando las comunidades están bien preparadas y la respuesta gubernamental es ágil y efectiva, el impacto de los desastres puede ser considerablemente mitigado. Sin embargo, se necesitan compromisos significativos para construir estrategias integrales que aborden tanto la prevención como la respuesta a desastres.
Al considerar los desafíos del futuro, es esencial garantir que las decisiones políticas y los planes de acción reflejen un entendimiento profundo de cómo los desastres naturales impactan la seguridad y el bienestar de las personas. Solo a través de la inversión en resiliencia, educación y colaboración se puede aspirar a un futuro más seguro y estable para todos. La seguridad no es solo una cuestión de protección contra amenazas, sino un componente fundamental de la calidad de vida y la estabilidad social que se debe cultivar y preservar.
CONCLUSIONES
- El camino hacia una mayor resiliencia frente a los desastres naturales comienza con la acción colectiva y el reconocimiento de que la seguridad es una responsabilidad compartida. La inversión en la preparación y la mitigación de riesgos es más que una prioridad; es un imperativo moral que debe guiar nuestras políticas y prácticas en la construcción de comunidades robustas y seguras.
- Finalmente, cada acción cuenta, y cada contribución es significativa. Con un compromiso renovado hacia la seguridad y la resiliencia, podemos transformar nuestra respuesta ante la adversidad y cultivar un futuro donde la preparación y la protección sean derechos garantizados para todos.
Autor: Rubén Segura F. General de División (R), es profesor de Estudios de Futuro en la Universidad de Concepción (DAIPE) y fue Director del Centro de Estudios e Investigaciones Militares (CESIM).
Actualmente es el Director de la empresa DUCUM, especialistas en GRD.